Seguidores

sábado, 7 de abril de 2012

Hoy es el último día que actualizo este blog, ¿el motivo? Tengo otro blog que utilizo mucho mas, por no decir que es mucho mas personal, textos escritos por mi, canciones con las que me siento mas que identificada y por ultimo textos de series o peliculas que me llaman la atencion. Dejo la direccion por si quereis pasaros. Un saludo, http://doloradictivo.blogspot.com.es

miércoles, 4 de abril de 2012

Nos enseñan que hay siete pecados capitales. Todos conocemos los más importantes: gula, soberbia, lujuria. Hay un pecado del que no oímos hablar mucho: la ira, tal vez porque pensamos que no es tan peligrosa, que podemos controlarla. Quería decir que puede que no nos tomemos en serio la ira, y quizá es más peligrosa de lo que pensamos. Cuando se trata de comportamientos destructivos, la ira es el número uno.

¿Qué diferencia a la ira del resto de los pecados capitales? Lo cierto es que es sencillo: si pecas por envidia o soberbia, sólo te haces daño a ti mismo; con la lujuria y la avaricia, te hieres a ti mismo o a algún otro; pero la ira es lo peor, el padre de todos los pecados. La ira te lleva a cruzar los límites y, cuando lo hace, puedes llevarte a mucha gente por delante.
Un sabio dijo una vez “Puedes tener lo que quieras si sacrificas todo lo demás”. Quería decir que no hay nada que no tenga un precio. Así que, antes de luchar, más vale que pienses cuánto quieres perder. A menudo, perseguir lo que deseas significa renunciar a lo que sabes que es correcto. Dejar entrar a alguien significa derribar los muros que has construido durante toda tu vida. Claro que los sacrificios más difíciles son los que no vemos venir. Cuando no tenemos tiempo de pensar una estrategia, de apartarnos o de calcular las bajas, cuando eso pasa, cuando la batalla nos escoge a nosotros y no al contrario, el sacrificio puede llegar a ser mayor de lo que podemos soportar.
La comunicación es una de las primeras cosas que aprendemos en la vida, es curioso que conforme vamos creciendo y asimilando palabras y aprendiendo hablar menos sabemos que decir o como pedir lo que queremos de verdad.

Al final no puedes evitar hablar de ciertas cosas, hay cosas que no queremos escuchar, a veces hablamos porque no podemos estar callados más tiempo. Hay cosas que exceden a las palabras, son productos de la acción, a veces hablas porque no hay alternativa. Otras cosas te las reservas y no siempre, pero de cuando en cuando, algunas cosas hablan por si solas.
El dolor adopta formas diversas: una punzada, una leve molestia… Dolor sin más, el dolor con el que convivimos a diario, pero hay un dolor que no podemos ignorar, un dolor tan enorme que borra todo lo demás, y hace que el mundo se desvanezca, hasta que solo podemos pensar en cuanto daño hemos hecho, como enfrentarnos al dolor depende de nosotros. El dolor hay que anestesiarlo, aguantarlo, aceptarlo, ignorarlo. Para algunos la mejor manera de enfrentarse a el es seguir viviendo.

El dolor solo hay que aguantarlo, esperar a que se vaya por si solo y a que la herida que lo ha causado cicatrice, no hay soluciones ni respuestas sencillas, solo hay que respirar hondo y esperar a que se calme. La mayoría de las veces el dolor puede aliviarse, pero a veces llega cuando menos te lo esperas, te da un golpe bajo y no te deja levantarte. Hay que aprender a aceptar el dolor, porque lo cierto es que nunca te abandona y la vida siempre lo acrecienta.

Vemos lo que queremos ver y creemos lo que creemos creer, y funciona nos mentimos a nosotros mismos tanto que con el tiempo nos creemos nuestras mentiras. Negamos tantas cosas que ya no reconocemos la verdad.

A veces la realidad entra a escondidas y nos muerde el culo, y cuando el dique revienta solo te queda nadar. El mundo de los engaños es una jaula, solo podemos auto-engañarnos un tiempo determinado, nos cansamos tenemos miedo. Negarlo no cambia la realidad, antes o después tenemos que dejar de lado las negociaciones y enfrentarnos al mundo cara a cara con todas nuestras armas; cuando el dique revienta te espera un océano enorme, ¿pero cómo logras no ahogarte?

Tengo una tía que cuando te sirve cualquier cosa, te dice: “Dime cuando”. Mi tía decía dime cuando, y nosotros no lo decíamos, no decimos cuando porque siempre existe la posibilidad de que haya más, más tequila, más amor, más de lo que sea, más es mejor.

Hay mucho que decir sobre el vaso medio lleno, sobre saber decir cuando; creo que es una línea borrosa, un barómetro de necesidad y deseo. Depende por completo del individuo y depende de lo que te estén sirviendo, a veces solo queremos probarlo, otras veces no hay suficiente, el vaso no tiene fondo y lo único que queremos es más.